La verdadera provisión no proviene de las circunstancias, el esfuerzo humano o los recursos visibles, sino de la fidelidad de Dios revelada en Su Palabra. Al interiorizar la Palabra, el creyente aprende a confiar en el carácter de Dios como proveedor, y a vivir con paz y seguridad,
incluso en tiempos de escasez.