Mientras el campo español clama contra el acuerdo Mercosur —abandonado por gobiernos que firman sin consultar—,
en Adamuz una adjudicación pública se convierte en pasarela familiar: la empresa del balasto contrata a la mujer de Koldo
tras ganar el concurso. Coincidencias que huelen a podrido.
El Ministerio de Exteriores, incapaz de blindar su propia información clasificada, busca desesperado una empresa que custodie sus secretos. Mientras, en los tribunales, el fiscal presiona a Aldama para que saque a la luz las pruebas que afirma tener sobre petrodólares venezolanos al PSOE. Y Puente, en lugar de responder, señala al "neofascismo" como culpable de las críticas a su gestión mientras las víctimas exigen, solas, "buscar la verdad".
Europol lo confirma sin eufemismos: España es ya el epicentro europeo de los submarinos narco. La cocaína inunda nuestras costas mientras las instituciones naufragan en redes de privilegio.
No es caos. Es el sistema y así está programado para que funcione. Ya estamos viviendo esa distopía que hábilmente nos
avisaron en 1984