Antes de hablar de historia, de literatura o de símbolos, quiero invitar a quienes nos escuchan a imaginar algo muy simple: el sonido de unos cascos golpeando la tierra. No hay un paisaje concreto, no sabemos si es de día o de noche, ni quién monta ese caballo. Sin embargo, en la cultura china, ese sonido nunca ha sido neutro. Durante miles de años, el caballo no fue solo un medio de transporte o una herramienta de guerra; fue también un compañero silencioso del destino humano. Donde había un caballo, había movimiento; donde había movimiento, había cambio; y donde había cambio, había una historia digna de ser contada.