En el interior montañoso de Puerto Rico, en el municipio de Utuado, entre ríos que
serpentean como venas ancestrales y bosques que guardan secretos desde antes de la llegada
de Colón, yace un espacio que el tiempo no ha logrado callar del todo. Allí, en el Sitio
Ceremonial Indígena de Caguana, trece piedras —monolitos de arenisca negra pulida por
siglos de viento y ritual— se alzan con una presencia casi oracular. Grabadas en sus
superficies, figuras antropomorfas, espirales, máscaras y cemíes miran al cielo con ojos que
nunca parpadearon. No son meras rocas: son páginas de piedra, inscritas por manos taínas
hace más de seiscientos años.