La Guerra Fría no fue una guerra en el sentido tradicional, pero su impacto fue más profundo y extenso que el de muchos conflictos armados. Fue un enfrentamiento ideológico, político, económico, tecnológico y, en ocasiones, militar que dividió al mundo en dos bloques antagónicos durante casi medio siglo: el liderado por Estados Unidos, defensor del capitalismo y la democracia liberal, y el liderado por la Unión Soviética, promotor del comunismo y del autoritarismo estatal. Aunque nunca se produjo un choque directo entre las dos superpotencias nucleares —un hecho que muchos historiadores consideran milagroso—, la Guerra Fría fue responsable de decenas de conflictos indirectos, intervenciones encubiertas, golpes de Estado, persecuciones políticas, y una carrera armamentista que puso al planeta al borde de la aniquilación nuclear