No son buenos tiempos para intentar ser buena persona. La mayoría de los modelos que se nos presentan dejan mucho que desear en calidad humana. Sería interesante ir en dirección contraria porque no hay nada más grande a lo que aspirar en la vida que, a ser buena persona. Y nada más gratificante.
En un mundo, en una sociedad en la que cada vez somos más insensibles al sufrimiento ajeno, tiene que aparecer la bondad relacionada con la compasión. La compasión no es llorar por alguien. La compasión tiene dos actitudes: una es la empatía, ponerte en el lugar de los demás; y otra es el querer ayudar a esas personas.