¿Te ha pasado alguna vez?
Tu hijo adolescente se encierra en su habitación, responde con un “déjame en paz” y parece que nada le importa.
La llegada a la adolescencia tiene algo desconcertante: las emociones cambian de forma.
Cuando son pequeños, todo es más directo.
Si están tristes, lloran.
Si están enfadados, lo muestran.
Las emociones salen al momento, sin filtros.
Pero en la adolescencia ocurre algo distinto.