Cuando la política se guía por el corto plazo, el populismo o la improvisación, los países no avanzan… retroceden.
El verdadero desarrollo no depende solo de recursos, sino de decisiones inteligentes, visión de futuro y respeto por el conocimiento.
Un país puede tener todo para crecer, pero si sus políticas carecen de inteligencia estratégica, termina hundiéndose en sus propias decisiones.