Cuando el trabajo se convierte en gritos, estrés, sobrecarga y culpabilidad constante, quizá no necesitas aguantar más… necesitas empezar a preparar tu salida.
No tienes que renunciar impulsivamente. Pero sí recordar que esa situación no tiene por qué ser para siempre.
A veces, ponerle fecha al final es el primer paso para recuperar la tranquilidad.
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