Hay una ecuación que no cierra en esto de la ocupación de espacios públicos. Por un lado arrecian las denuncias para despejar emblemáticos parques y plazas de la capital ocupados hace años por supuestsos o reales damnificados por la creciente del río Paraguay. Pero por el otro, los exportadores se quejan porque la bajante extraordinaria de los ríos Paraguay y Paraná limita el tráfico comercial por los canales logísticos de ambos ríos.