Hay algo que no te enseñaron en la escuela: que a veces, seguir cuesta más que parar.
Se llama la falacia del costo hundido. Y es la razón por la que la gente sigue años en trabajos que odia, proyectos que no funcionan y vínculos que ya no tienen sentido. No porque sean felices. Sino porque ya invirtieron demasiado como para aceptar que no vale la pena continuar.
En este episodio arrancamos con una historia real que explotó en redes: una chica que entró a trabajar, y al tercer día simplemente... no volvió del almuerzo.
¿Vagancia? ¿Falta de compromiso? ¿O la capacidad de soltar algo que nosotros hubiéramos aguantado quince años?
Hoy hablamos de por qué nos cuesta tanto soltar, qué tiene que ver el ego con eso, y la pregunta que quizás no te estás haciendo: ¿en qué parte de tu vida seguís por inercia y no por convicción?