Cómo humanos buscámos el reconocimiento del mundo, buscámos fama, pero eso solo nos traerá pérdida. Como hijos de Dios debemos dar el reconocimiento y dar a conocer a Dios, si entregamos nuestros sueños, anhelos y propósitos a Cristo y nos perdemos en su maravillosa presencia tendremos vida, pero si seguimos aquello que nos ofrece el mundo perderemos nuestra vida.
Se nos exhorta el dejar de lado nuestros deseos y lo que el mundo ofrece y al ser parte de la iglesia amarla cómo Dios nos enseña, ya que sí estamos en contra de la iglesia estamos en contra de Dios.
La iglesia es la novia de Cristo y él anhela casarse con ella, busquemos ese propósito y guía de Dios para nuestras vidas y perdámonos en buscarle porque así la encontraremos en él.