Ya hace días Yosmany está en casa. Sin embargo, todavía debe estarle faltando el aliento tras el abrazo en que se fundió por minutos con Yanexi. Fue un momento sublime, dice, y lo cree únicamente superado por el nacimiento de su hijo hace cuatro años.
Leandro Alaín, el pequeño, no pudo disfrutar del recibimiento dado a su padre en el edificio 18 plantas del reparto Julio Antonio Mella. El sueño lo había vencido un rato antes. Era de madrugada; pero sí había otros muchos despiertos esperando a aquel “valiente” que fue de Camagüey a La Habana, y de allí a Lombardía, a combatir la pandemia de la Covid-19.