Según una vieja tradición mediterránea, recogida por Proclo y Plutarco, en el Adytum de un templo de Sais (Egipto) existía una enorme estatua de la diosa Isis con un tupido velo negro cubriendo su rostro, acompañada de la enigmática frase: “Yo soy todo lo que ha sido, es y será, y ningún mortal ha levantado mi velo”.
Desde esos días, el descorrimiento del velo de Isis ha pasado a representar la revelación de la Verdad, el encuentro con la Luz, el acceso a un conocimiento oculto, el traspaso de un umbral, en otras palabras la conexión con una realidad que está más allá de lo evidente.