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El pasado martes, durante el partido que la selección española disputó contra Egipto en Barcelona, se oyeron cantos xenófobos e islamófobos que resultan intolerables. La situación fue tal que en los videomarcadores del estadio se tuvo que recordar que nuestra legislación prohíbe y sanciona este tipo de comportamientos.
El fútbol es un acontecimiento masivo y festivo que, en la mayoría de las ocasiones sirve para expresar valores admirables como el esfuerzo, el trabajo en equipo o el afán de superación. Sin embargo, sucesos como los del pasado martes nos recuerdan que nuestros estadios no están a salvo de la intolerancia y la sinrazón que, en ocasiones, atraviesan nuestra sociedad.
En Cornellà se escucharon cánticos que solo representan a una minoría y que, sin embargo, son capaces de empañar la imagen de un estadio, de una ciudad e incluso de un país. En el caso de los gritos islamófobos, al mal gusto y al odio se suma un atentado contra la libertad religiosa, un derecho fundamental especialmente protegido en cualquier democracia.
Ha costado décadas erradicar las conductas indeseables de nuestras gradas y hacer de los estadios españoles un espacio de civismo. España organizará en 2030 el Mundial junto con Portugal y Marruecos, una fecha en la que nuestra imagen como país volverá a ponerse a prueba. Estos sucesos pueden ser hechos aislados, pero surgen un caldo de cultivo. Por eso toda la sociedad debe reaccionar de forma unánime para evitar que puedan propagarse.
By COPEEl pasado martes, durante el partido que la selección española disputó contra Egipto en Barcelona, se oyeron cantos xenófobos e islamófobos que resultan intolerables. La situación fue tal que en los videomarcadores del estadio se tuvo que recordar que nuestra legislación prohíbe y sanciona este tipo de comportamientos.
El fútbol es un acontecimiento masivo y festivo que, en la mayoría de las ocasiones sirve para expresar valores admirables como el esfuerzo, el trabajo en equipo o el afán de superación. Sin embargo, sucesos como los del pasado martes nos recuerdan que nuestros estadios no están a salvo de la intolerancia y la sinrazón que, en ocasiones, atraviesan nuestra sociedad.
En Cornellà se escucharon cánticos que solo representan a una minoría y que, sin embargo, son capaces de empañar la imagen de un estadio, de una ciudad e incluso de un país. En el caso de los gritos islamófobos, al mal gusto y al odio se suma un atentado contra la libertad religiosa, un derecho fundamental especialmente protegido en cualquier democracia.
Ha costado décadas erradicar las conductas indeseables de nuestras gradas y hacer de los estadios españoles un espacio de civismo. España organizará en 2030 el Mundial junto con Portugal y Marruecos, una fecha en la que nuestra imagen como país volverá a ponerse a prueba. Estos sucesos pueden ser hechos aislados, pero surgen un caldo de cultivo. Por eso toda la sociedad debe reaccionar de forma unánime para evitar que puedan propagarse.