La historia cuenta la anécdota de don Manuel Díaz Castillo y su esposa doña Patrocinia Murrugarra, quienes vivían en el caserío de Chapolán. A la hora de preparar la cena campestre, doña Patrocinia salió a buscar agua y dejó a su esposo a cargo de la leche que estaba hirviendo en el fogón. Él, para asegurarse de que no se derrame la leche, se sentó en la puerta con una raja de leña en la mano para evitar que "se vaya". Sin embargo, la leche se derramó en el fogón mientras él estaba sentado en la puerta. Desde entonces, doña Patrocinia decidió hervir la leche antes de salir a buscar agua para evitar que se derrame.