La violencia nunca es la respuesta han dicho voces decentes. Voces que tienen la mejor intención pero que quizás nunca han tenido rabia en sus puños que a su vez sortean carencias. Voces que quizás no encarnan en sus cuerpos el látigo del castigo físico o el invisible, ese que te nutre de vergüenza por ser quien eres. La violencia nunca es la respuesta dicen también quienes nunca tomaron un libro de historia y descubrieron que los vencedores cortaron cabezas para lograr sus cometidos justos o injustos. La violencia nunca es la respuesta dice quien nunca ha sido una tetera a punto de ebullición, a quién nunca se le ha rebalsado el vaso del colmo, de lo inaudito, de lo insoportable y degenerado. Por otro lado, la violencia nunca es la respuesta, puede ser una frase sabia y amorosa, tierna y empática cuando quién lo aplica es el Estado y quienes han dominado y escrito la historia, las leyes y la moral a su medida. Nuestros cuerpos son emisores y receptores de violencia, somos victimas y victimarios, somos seres ambivalentes y contradictorios, sufrimos y hacemos sufrir por acción u omisión. En esta semana barroca, llena de violencias policiales, simbólicas e institucionales, hablaremos de este tema: Solo veo violencia cuando miro tus ojos.