¿Alguna vez se han preguntado por qué nunca aceptamos cuando sentimos envidia? ¿O porqué nos cuesta tanto reconocer cuando estamos celosos, o celosas? ¿cuando odiamos a alguien sin razón? ¿cuando somos capaces de hacer daño... sólo porque nos nace? ¿Cómo puede ser que hablemos tan poco sobre cosas que sentimos tan a menudo?
No estás sola ni solo en esto. Somos muchas las personas con dificultades para evidenciarnos en falta frente al resto. Y en una sociedad obsesionada con el éxito, nada puede estar más lejano a la idea de éxito que envidiar a otros.
Ni esta sociedad, ni la familia, ni menos la escuela nos enseña a lidiar con nuestras inseguridades. Pero ellas están ahí, acechándonos, esperando nuestro peor momento de vulnerabilidad para salir y enrostrarnos que a veces nosotros también podemos ser malas personas. Hoy en pero qué necesidad, exploraremos nuestros sentires más tétricos, nuestros momentos más reprochables, ese lado B que intentamos mantener oculto a como dé lugar… porque quizás todo parte por ACEPTAR NUESTRAS OSCURIDADES.