Mira, de que se viene, se viene. No sabemos si estaremos vivos o no para ver los resultados, pero ya empezó. Ha pasado tiempo suficiente y una nueva revolución es inminente. Del caos nacen las estrellas, del caos nacen los nuevos tiempos. Y el caos surge como un grito desesperado ante un tipo de maltrato. Afuera hay ambiente de guillotina. Ojalá no quede solo en ambiente y los carpinteros estén trabajando en ella. ¿Qué hacemos por mientras? Elonguemos para que la revolución nos pille ágiles, no le regalemos nuestros cuerpos a la represión, hagamos escudos. Comamos proteínas para que nos pille fuerte, leamos para que nos pille eruditos, conversemos para que nos pille organizados, besemos a quienes amamos por si acaso. ¿Cuál es el precio que estamos dispuestxs a pagar por la revolución? ¿Y si me da miedo y me echo pa’trás a última hora? ¿Y si prefiero entonces ir de a poco para que los ancianos no teman? ¿Ganaremos sin armas? ¿Ganaremos con tácticas ingeniosas? ¿Nos pondremos de acuerdo con la forma? ¿Vale la pena inmolarse si en 10 años más votan por los psicópatas nuevamente? ¿Vale la pena vivir sin intentarlo? Solo sé luchar, ¿qué pasa si ganamos? Y ¿qué pasa si perdemos? ¿Valdrá la pena seguir viviendo? ¿Contra cuántos peleamos? ¿Dejará el primer mundo que nos emancipemos? ¿O solo podemos aspirar a pequeños cambios locales? ¿Cuánto falta para el primer día de la revolución? ¿Cuánto falta para el último? ¿Cuánto tiempo queda para planearlo? Estamos aquí quebrades y ansioses esperando.