Nos crió una generación a la que le dijeron que vivir era luchar y que el sacrificio era un valor. Nos crió una generación que separaron entre los que merecen recursos y los que deben conformarse con el paisaje que les tocó por clase. Nos crió una generación que entre tanta Teletón y caridad les hicieron creer que nuestros problemas son individuales. Nos crió una generación que terminó encontrando normal trabajar 10 horas y endeudarse. Nos crió una generación que les ha costado todo tanto que ven el ocio como flojera y el tiempo libre como horas extras. Nos crió una generación que usó el silencio para no volver al miedo y la rabia la botaron con chancletazos familiares. Nos crió una generación, que a nosotros, sus hijes, mas encima nos dicen vanidosos por ocuparnos tanto de nuestro autocuidado. Tengo una teoría inventada: Creo que el mundo que conocemos de jóvenes se convierte en nuestro hogar y parámetro, independiente de si fue bueno o malo. Pero a medida que la curva de la vida avanza, la sociedad se transforma y vamos quedando guachos de estética, de valores y complicidad con el entorno. Nuestro imaginario se disuelve hasta ser mero archivo y recuerdo y en este nuevo no-lugar, buscamos seguir correspondidos con nuestros tiempos mozos y es ahí cuando aparece la resistencia al cambio. Dicho esto… no quiero que se ofendan pero creo que es inminente ser facho cuando envejecemos. Tan solo queremos volver al lugar seguro del pasado donde echamos raíces. “Todo era mejor antes, antes todo esto era campo” dijo el huaso abandonado. Hoy escarbaremos en los recambios generacionales y sus resistencias. Hoy en Pero Qué Necesidad: Boomers, millenials, centenialls… se les acabó la fiesta.