Son la nueva forma que tenemos para relacionarnos. En todo sentido. Con ellas hacemos amigos, conseguimos cachitas y nos mostramos al mundo como queremos. Nadie nos avisó que el futuro iba a ser así: mirando el celular todo el día, por inercia, tomándonos selfies a cada rato, pendientes de los likes que nos dan, pero también de las vidas ajenas. Cada vez más cerca unos de otros, cada vez más plásticos, cada vez con más filtros, explorando este universo virtual que se expande constantemente, insondable, lleno de oportunidades, pero a la vez bastante tétrico. Porque, aunque a veces se nos olvide, sabemos que en esta vida nada es gratis. Y, aunque lo parezcan, las redes sociales no son la excepción.