A los 4 años me lavaron la boca con jabón. Le dije "vieja hueona" a una tía que siempre me decía hueona. A mi tía, la vida también la castigó, eso dice ella cuando habla de su padre y las correas que le caían cuando llegaba tarde. A su padre lo castigaba la institución, porque era paco y entre ellos cada mando mayor corrige con castigo al mando menor. Esa escuela de crianza creemos que está quedando obsoleta. Sin embargo, cárcel y tortura reciben muchas veces el crédito de justicia y crecimos escuchando frases del tipo "los errores se pagan caro". Como cultura, no nos parece inapropiado el método del castigo como correctivo ante un error cometido e incluso el maltrato como castigo cuando se trata de delincuentes, violadores, asesinos y abusadores. Pero la relación entre crimen y castigo a veces tiene unos saltos cuánticos que dejan una arbitrariedad tan cómplice entre nosotros que ya casi ni nos preguntamos: ¿xq castigamos la individualidad como si la gente se hiciera sola? ¿Cómo se nos ocurrió inventar una relación entre hecho y castigo? ¿Cómo sabemos si es proporcional ese hecho con su castigo? y sobretodo... ¿por qué le deseamos el mal al que hiere o se equivoca en vez de su aprendizaje y rehabilitación? En una cultura punitiva, ¿seremos todes nosotres pequeños y eternos vigilantes y presos a la vez?