No tuvieron más remedio que detenerse en la posada de la Venta de Belate, en vez de en la ermita, para su sorpresa, justo cuando estaban a punto de entrar en las caballerizas para atar a la acémila, vieron el carruaje de un Inquisidor y los caballos de su guardia, a pesar del miedo que les provocó esta visión, sabían que no podían quedarse fuera en la tormenta. —Espero que la tormenta pase pronto, no me gustaría que retrasara nuestro viaje a Pamplona, —dijo Anne con temor por lo que había visto. El dueño de la posada, al verlos empapados y temblorosos en la puerta, les invitó a pasar, —la noche se ha puesto muy cerrada y fría, —les dijo, —será mejor que se queden aquí hasta que pase la tormenta, ¿han atado al animal?