Un impermeable entre la multitud, trece gatos custodiando el silencio de la calle San Simón y el ruido de un país que solo él sabía leer en orden. Entre el cine de oro, el estruendo del 68 y los escombros de una ciudad que aprendió a salvarse sola, queda el eco de una ironía que no busca sentencias, sino el reflejo de un rostro colectivo en el caos de la calle.