Conviven a un tiempo dos procesos contrarios en este país. Está la sensación pertinaz de que nada se mueve en la política española, de que insisten en seguir en sus trece los catorce de siempre, de que son sordos al clamor, insensibles al calor y tozudos en su verbena, de que seguimos siendo la España carpetovetónica, casposa, farandulera y cautiva. Y luego le das vuelta a la cabeza y se te viene encima un ciclón de viento fresco que le está cambiando la cara al paisaje, arranca la hojarasca, se lleva la mugre, reverdece las ramas y nos deja el cuerpo como nuevo. Entre la España que muere y la que bosteza, que decía Machado, estamos viendo mejorías que no hubiéramos creído.