Imagina una habitación en penumbra…
y una luz suave que se enciende.
Dios con su luz te guía, te ordena, te muestra el camino.
Hoy, deja que esa luz alcance un rincón interior:
una confusión, una herida, una decisión.
“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?” (Sal 27,1)
Jaculatoria: “Señor, ilumíname… hoy.”