En fin, queridas majestades, más que por mí, en primer lugar yo pido por ustedes, por lo que representan, por la Tradición, la Cultura con mayúsculas de España, un regalo que pasa porque los españoles reaccionemos y nos quitemos de encima a los aprendices de brujo que pueblan la Moncloa. Si acaso, queridas Majestades de Oriente, les pido humildemente un deseo en forma de regalo. Sólo les pido para esta España nuestra, y para todos los españoles, algo muy elemental, pero que, si tienen a bien darnos, hará que la pesadilla política que padecemos se vaya por el sumidero de la historia de nuestra gran Nación. Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, les pido con humildad y esperanza mi regalo para mí y para todos los españoles, son sólo dos palabras:
Salud y Libertad