En esta carta, C. S. Lewis relata cómo Escrutopo se da cuenta de que su sobrino no tiene experiencia alguna sobre los peligros de la oración. Le aconseja evitar que su paciente rece conscientemente, distrayéndolo con recuerdos del pasado, haciendo que pierda la concentración e intentando que fije la mirada en sí mismo, reflexionando sobre sus sentimientos.