Caminamos hacia la luz de Dios, juntos, en familia, como Iglesia.
Estamos siguiendo los pasos de muchos creyentes que, como nosotros, vivieron en las dificultades de este mundo con la llama de la esperanza encendida en el corazón, de que nos espera una patria en la que nos rodeará el amor de Dios y la paz entre todos los hermanos.
Seguimos los pasos de los santos que sanados de sus heridas, cada día siguen adelante, sin cansarse de hacer el bien…y nos invitan a hacer lo mismo.
En este día 22 de julio, nuestra Iglesia tiene muchos santos que irradian con su testimonio, la verdad sobre el amor de Dios que nos creó nos cuida y nos espera.
Escuchemos los nombres de algunos de estos santos.
Hoy, celebramos de manera especial la Memoria de Santa María Magdalena, apóstol de los apóstoles. También se recuerda a san Platón, mártir; santos mártires Masilitanos; san Cirilo, obispo;
San Anastasio, monje; san Vandregisilo, abad; san Meneleo, abad; san Jerónimo, obispo; san Gualterio, beato Agustín de Biella Fangi, presbítero religioso; santos Felipe Evans, y Juan Lloyd, presbíteros y mártires,
Beato Jacobo Lombardie, presbítero y mártir; santos mártires Ana Wang, virgen, Lucía Wang Wangzhi y su hijo Andrés Wang Tianqing y santa María Wang Lizhi, mártir.
Existió en China una gran persecución a los cristianos que dejó innumerables mártires por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Entre estas miles de historias queremos compartirles la de una valiente santa.
Se trata de Santa María Wang Lizhi.
No tener miedo de demostrar nuestra fe es algo que necesita la gracia de Dios, especialmente cuando vivimos momentos difíciles. Oremos al Señor para que nos conceda esta gracia.
¡Señor, creo, pero fortalece mi fe! ¡Señor, creo, pero solo soy un mendigo de la fe y de la esperanza, ayúdame en mi falta de fe, auméntame la fe para que se cumpla en mi Tu Palabra! ¡Señor, creo, pero haz que te busque con una fe viva y confiada!
¡Señor, creo, y deseo que mi fe sea auténtica y persistente para unirme a tu gracia! ¡Señor, creo, y te pido me ayudes a creer de verdad sin desfallecer! ¡Señor, creo, y cuando vea que mi fe se apaga o se tambalea envía tu Santo Espíritu sobre mí para que la haga renacer!
¡Señor, creo, no permitas que me cierre en mí mismo sino que me abra a tu gracia, a la recepción de tus dones, a las bendiciones que me envías! ¡Señor, creo, y creo en tu bondad, en tu amor, en tu misericordia y por eso te confío mi vida y la de los míos! Amén.
Podemos vivir momentos de mucha presión en medio de una sociedad que quiere sacar a Dios de todos los ámbitos.
Pero hay una persona a la que no podemos desairar con un “esconder” nuestra identidad de cristianos… y es a nosotros mismos.
Ser capaces de permanecer firmes en la fe, es también el fruto de la fidelidad a nosotros mismos, que por amor a la verdad, pues en el fondo siempre deseamos con todo el corazón ser coherentes con los que creemos y vivimos.
Especialmente si hemos vivido una experiencia de conversión que nos ha invitado a la radicalidad.
Pidamos la gracia de ser siempre fieles a la verdad y dar a Jesucristo su lugar de Dios y Señor en nuestra vida
Santa María Wang Lizhi,
Ruega por nosotros.