Bendiciones del Señor para todos.
Esperamos que sigan manteniendo su fe activa y constante, pues sabemos que Dios protege a los que obedecen su voluntad, y al caminar de acuerdo a la fe, se están asegurando la bondad de Dios como escudo protector en sus vidas.
Los santos buscaron siempre encontrar esa divina voluntad en sus decisiones y lo hicieron apoyados en la luz del Espíritu Santo.
Los invitamos a seguir invocando al Amor divino para que ilumine sus corazones y también a conocer los santos que se veneran en este día, 20 de noviembre, según las páginas doradas de nuestro Catálogo Divino.
Los santos que hoy recordaremos son:
San Basilio de Antioquía, Mártir; San Crispín de Écija, Obispo y mártir; San Dasio, Mártir; Santos Adventor, Octavio y Solutor, Mártires; San Teonesto, Mártir; San Doro de Benevento, Obispo;
San Silvestre, Obispo; San Edmundo, Rey y mártir; San Gregorio Decapolita, Monje; San Bernardo de Hildesheim, Obispo; San Cipriano de Calamizzi, Abad; San Francisco Javier Can, Mártir;
Beata María Fortunata Viti, religiosa; Beatas Ángela de San José Lloret Martí y 14 compañeras vírgenes y mártires; Beata Milagros Ortells Gimeno, Vírgen y mártir.
En medio de los miles de mártires por la persecución religiosa española de 1936, hoy recibiremos el testimonio de la superiora general de una congregación y 14 hermanas de su familia religiosa.
Ellas son las Beatas Ángela de San José Lloret Martí y 14 compañeras mártires.
Pidamos al Señor que todos podamos vivir en cualquier circunstancia con la serenidad de hacer lo correcto al vivir nuestra fe:
Dios, que manifiestas tu fuerza en nuestra debilidad, al celebrar con alegría el precioso martirio de tus siervas Ángela, María y compañeras, concédenos que, fortalecidos con el espíritu de tu amor, permanezcamos fieles en todas las circunstancias de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Nos podemos preguntar por qué los laicos, religiosos y ministros españoles y muchos más a través de la historia se dejaron llevar a las puertas del martirio.
Era un abrir la puerta estrecha para entrar al cielo, pero aprendamos por qué.
Primero, consideremos ¿Qué condiciones se dan para ser mártir?
• Por parte del perseguidor que mate a otro “per odium fidei» es decir, por odio a la Fe Católica o a una virtud cristiana.
• Por parte del que muere que sufra con absoluta pasividad, es decir, sin oponer resistencia alguna.
• Que sufra por amor a Jesucristo: por guardar los Mandamientos, por conservar la castidad, por no blasfemar… es decir por ser fiel a la Fe Católica. No se trata de sufrir o morir simplemente, sino de hacerlo por amor de Dios.
Por otro lado, ¿Qué virtudes posee un mártir?
Una paciencia a toda prueba, una fe heroica, una esperanza triunfal, una valentía excepcional y un amor ardoroso a Dios, a Jesucristo y a la Virgen María.
Ahora sí, conozcamos porque los mártires esperaban con paz este destino.
¿Cuáles son los efectos del martirio?
• constituye el “bautismo de sangre” para quienes mueren sin haber recibido este sacramento.
• borra todos los pecados mortales cometidos.
• borra todos los pecados veniales y toda pena temporal (libra, por tanto, del Purgatorio).
• añade a su triunfo una “aureola” peculiar en el cielo.
Ser mártir no sólo es morir, es dar un testimonio.
Todos nosotros, al estar unidos a Cristo, cada día damos un testimonio que nuestro corazón está orientado al cielo y que consideramos pasajero este mundo que nos rodea y que sin embargo, nos sentimos llamados a cuidarlo y conservarlo en el bien y la paz.
Si vivimos la fe, también somos mártires, es decir testigos.
Beatas Ángela de San José Lloret Martí y 14 compañeras religiosas mártires,