COMENTARIO DEL EVANGELIO EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, DOMINGO 4 DE ENERO AQUÍ EN MÉXICO, EN LAS DEMÁS PARTES DEL MUNDO EL 6 DE ENERO
Mateo 2, 1-12
¡Qué gran experiencia vivieron estos Magos que marcó su vida! ¡Cuántas vicisitudes, aventuras y peligros habrán tenido que pasar!
1.Primero, la estrella: Seguramente esa gran estrella fue visible en toda la región en donde ellos vivían. Pero muchos no levantaron la vista y no la vieron. Quizá muchos vieron la estrella, pero no la siguieron; y quizá algunos otros la vieron y la siguieron, pero les faltó constancia y desistieron.
2.Segundo, los Magos, en cambio, vieron la estrella, se prepararon, se pusieron en marcha, se enfrentaron al reto del desierto y llegaron hasta el final. Probablemente la estrella se les ocultó por algún tiempo, eso es la noche oscura del alma que experimentan los santos, pero ellos no cejaron en su empeño, y la estrella les condujo hasta Belén. El premio fue maravilloso: ¡encontraron a Dios! Fue una dura prueba, pero el Señor los iluminó. Entraron y lo adoraron. Creyeron y abrieron los tesoros de su generosidad: oro por ser Rey, incienso por ser Dios y mirra por ser hombre como nosotros.
3.Tercero, ¿qué aprender de ellos? La vivencia de los Magos tiene una gran lección para nosotros, con varias enseñanzas:
* Alteza de miras para ver la estrella: no andar en la vida con miras bajas, pesimistas o apachurrados…* Valor para seguirla: tener decisión y mucho ánimo para no echarse para atrás en nuestros objetivos…* Constancia para llegar hasta el fin: ser perseverantes para alcanzar el premio por el esfuerzo hecho.* También con nuestras palabras y ejemplo seamos estrellas que llevemos a los demás al encuentro con Cristo.
Bien dijo alguien: “Cuando un dedo señala una estrella, sólo los tontos miran el dedo”.
4.Y finalmente, dice el evangelio que los Magos, “advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”. Mons. Fulton J. Sheen comenta al respecto: “Nadie que alguna vez se encuentre con Cristo, volverá por el mismo camino que llegó”. Así debe suceder con nosotros: ya que hemos tenido una experiencia, un encuentro con Cristo en nuestras vidas, debemos ser otros, ya no debemos volver por esos caminos torcidos o peligrosos que perjudiquen nuestra vida o la de los demás…Y así entonces, una vez que hayamos encontrado al Señor Jesús de una manera decisiva o definitiva, le podremos ofrecer nuestros dones, nuestros regalos que mucho le agradarán, los aceptará y nos bendecirá: el oro de nuestro desapego al dinero y de las cosas materiales… el incienso de nuestro grato aroma del buen comportamiento como hijos de Dios… la mirra de la aceptación de nuestra débil y frágil naturaleza humana propensa al dolor y al sufrimiento. Señalemos la estrella de Jesús a quienes andan perdidos.
Les mando la bendición de Dios, P. Antonio Rivero, L.C.