Miguel de Cervantes tuvo una vida muy azarosa desde su juventud, experiencias que sin duda influyeron en su obra. Sus vivencias en Andalucía como recaudador y su posterior paso por la cárcel sevillana le permitió conocer a personajes del mundo del pillaje que trasladaría mas tarde a los protagonistas de algunas de sus novelas ejemplares. Sevilla lo recuerda en numerosos azulejos colocados en las calles donde Cervantes sitúa la acción de sus personajes.