En este episodio hablo de la importancia de frenar y aprender a disfrutar lo simple. De cómo ciertos lugares despiertan distintas partes de nosotras, de la idea de hogar y de esos espacios a los que volvemos cuando necesitamos calma y contención.
Reflexiono sobre el cuerpo y la salud como prioridad, sobre escucharnos más y exigirmos menos, y sobre la necesidad de crear rutinas y refugios que nos sostengan en los momentos de bajón.
También hablo de los vínculos: de cuidar los que nutren, de entender los distintos círculos que habitamos y de rodearnos de personas que nos expanden, nos acompañan y nos hacen bien.
Este episodio es una invitación a reconectar con el juego, el disfrute y la creatividad en la adultez.
Porque no dejamos de jugar porque nos ponemos viejos, nos ponemos viejos porque dejamos de jugar.