Pocos productos de uso cotidiano tienen una historia tan sorprendente, enrevesada y fascinante como la del chicle. Lo que hoy identificamos como una simple golosina, habitual en bolsillos infantiles o como recurso para aliviar la ansiedad y refrescar el aliento, tiene un origen profundamente inesperado, con ramificaciones que tocan la guerra, la ciencia, la industria del caucho y la cultura indígena mesoamericana. La invención del chicle moderno está marcada por el fracaso de un experimento científico, el exilio de un militar ambicioso, y la capacidad humana para transformar lo inútil en indispensable.