Dentro de diez años, quizá no recuerdes el momento exacto en que dejaste de hacer ciertas cosas. No habrá una fecha solemne. No habrá una rueda de prensa mundial anunciando que la humanidad acaba de entregar una parte de su vida cotidiana a las máquinas. Simplemente, un día te darás cuenta de que ya no llamas para pedir una cita, no escribes la mayoría de correos, no conduces casi nunca, no comparas seguros, no buscas tú mismo un viaje, no revisas facturas, no esperas en una cola, no te atiende siempre una persona, no hablas con un administrativo, no haces gestiones repetitivas y quizá ni siquiera sabes si la voz que te acaba de resolver un problema pertenece a un ser humano o a un sistema artificial.