
Sign up to save your podcasts
Or


Un grupo de investigadores ha diseñado un implante cerebral que en los primeros ensayos demostró la posibilidad de incrementar la memoria, ofreciendo quizá una prometedora estrategia para el tratamiento de la demencia o de daños cerebrales resultado de traumas, accidentes o de otros eventos que produzcan daños en ella. El implante funciona como un marcapasos, enviando impulsos eléctricos para ayudar al cerebro cuando está peleando para almacenar nueva información y permaneciendo quieto cuando siente que el cerebro está funcionando bien y por ello no es necesario. Los resultados de este primer ensayo, publicados en Nature Communications, informan que el aparato mejoró en un 15 por ciento la capacidad de recordar palabras, que es más o menos lo que se pierde en el curso de dos años y medio de la enfermedad de alzhéimer. Más información en http://cienciaEs.com
Las enfermedades neurodegenerativas están caracterizadas por la muerte de determinadas neuronas. La enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson son dos conocidos ejemplos, aunque no los únicos. Estas dos enfermedades pertenecen a una clase particularmente importante de neuropatologías: las llamadas tauopatías, las cuales no son otra cosa que enfermedades causadas, al menos en parte, por la acumulación anormal de la proteína que recibe el nombre de tau. Un grupo de investigadores de las universidades de Cambridge, en el Reino Unido, y de Indiana, en EE.UU., han descubierto que no es la acumulación de la proteína tau la que causa la neurodegeneración de manera directa, sino que es el propio proceso de defensa del cerebro frente a neuronas dañadas, pero que aún funcionan, el que puede acelerar la muerte neuronal. Más información en https://cienciaEs.com
El pasado 9 de julio, poco después de las 12 del mediodía, un bólido surcó el cielo azul sorprendiendo con su brillo a los que en ese momento tuvimos la suerte de verlo desde varias zonas de la península ibérica. Aquel acontecimiento es tan solo uno de los más llamativos de los muchos que suceden cada día en nuestro planeta y en otros cuerpos celestes. Estudiar esos visitantes del espacio es el trabajo de nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos. José María Madiedo es astrofísico y profesor en la Universidad de Huelva, dirige los proyectos "SMART" (Spectroscopy of Meteoroids in the Atmosphere with Robotic Technologies) y "MIDAS" (Moon Impacts Detection and Analysis System) que estudian meteoroides, meteoros, bólidos y meteoritos que impactan con la Tierra y a la Luna. Más información en https://cienciaEs.com
Hace unos años, en febrero de 2014, el Museo Paleontológico de Liaoning, en el nordeste de China, adquirió un fósil que había sido descubierto por un campesino llamado Yang Jun en una cantera próxima a la aldea de Nanshimenzi, en la vecina provincia de Hebei. Se trataba de un pequeño terópodo que se había conservado casi completo, incluso con tejidos blandos y plumaje, aplastado entre dos lajas de piedra. Tras una laboriosa preparación, el fósil fue descrito en 2018 con el nombre de Caihong juji. Ambas palabras proceden del chino; Caihong significa "arcoíris" y juji, "gran cresta". El nombre alude a su colorido plumaje y a las crestas de hueso que adorna su cabeza. Más información en https://cienciaEs.com
El "gen del lenguaje" no es el único responsable de nuestra capacidad para hablar. Este gen se descubrió en una familia, llamada K.E., algunos de cuyos miembros no podían producir un lenguaje comprensible. Se descubrió que esta incapacidad se debía a una mutación en un único gen, conocido como FOXP2. El análisis genético de un grupo reducido de humanos, chimpancés, gorilas y orangutanes, reveló que los humanos poseían dos diferencias con respecto al resto de los animales en ese gen, lo que llevó a pensar que esas mutaciones son las que nos dieron la capacidad para hablar y nos hicieron humanos. Ahora, un grupo de científicos ha analizado la secuencia génica de FOXP2 en un grupo mucho más amplio de personas y ha descubierto que las poblaciones asiáticas y europeas sí poseen los dos cambios, pero no sucede lo mismo con la población africana. Dado que tanto unos como otros pueden hablar, la conclusión es que el "gen del lenguaje" no es tal. Más información en http://cienciaEs.com
¿Qué sucederá a los ecosistemas terrestres actuales cuando la temperatura media del planeta se eleve varios grados, debido al aumento de efecto invernadero? Una forma de buscar la respuesta al problema consiste en mirar hacia atrás en el tiempo y estudiar lo sucedido momentos de la historia terrestre que tengan similitudes con el cambio actual. Uno de esos momentos sucedió al final de la última glaciación. Entonces se inició un cambio climático que elevó la temperatura media de la Tierra entre 4 y 7ºC, en un periodo entre los 16.000 y 10.000 años antes del presente. Ciertos cálculos sugieren que dentro de los próximos 150 años sufriremos un cambio de similar magnitud. Un grupo internacional de científicos, entre los que figura Claudio Latorre, ha recogido la información de los cambios que tuvieron lugar en los ecosistemas de 594 lugares distintos del planeta durante aquel periodo del pasado y los datos recopilados permitirán elaborar modelos y hacer proyecciones que nos den una idea de lo que sucederá en el futuro inmediato. Más información en https://cienciaEs.com
Un artículo de reciente publicación en Nature Genetics informa que después de analizar cerca de ochenta mil genomas, los científicos lograron establecer que tan sólo 52 genes se pueden asociar a la inteligencia humana, y que ninguna de las variantes contribuía en algo más que en una mínima fracción al porcentaje total de la inteligencia. Contamos con algo menos de 22.000 genes, un número irrisorio que no podría dar cuenta de la organización de los más de cien billones de conexiones cerebrales, algo que nos lleva a pensar que la inteligencia ha sido, de cierta manera, forjada en esa batalla de la evolución que ensaya y se equivoca. Los asuntos de la mente humana son de una complejidad que no tiene paralelo en ningún órgano del cuerpo. La inteligencia, cualquiera sea la definición que se le asigne, está muy por encima de las órdenes de un código. Mejor ni pensar en tocarlo. Más información en http://cienciaEs.com
La vida en el interior de una de nuestras células es un continuo juego de encendidos y apagados moleculares que deben funcionar de manera coordinada. La célula no puede tener siempre ciertas proteínas activadas o, de otro modo, sus procesos vitales se descontrolarían. Algunas enfermedades, como la enfermedad de Huntington, están causadas por la acumulación de proteínas mal formadas como resultado de mutaciones en sus genes. Ahora, un grupo de investigadores británicos ha identificado un fármaco que, administrado por vía oral a ratones con enfermedad de Huntington, fue capaz de disminuir la acumulación de la proteína mal formada que causa esta enfermedad y mejorar sus síntomas. Más información en https://cienciaEs.com
Un equipo internacional de investigadores, dirigido por nuestro entrevistado, el Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Museo de Ciencias Naturales, Alfonso Gabriel Navas Sánchez, han publicado un estudio sobre el genoma de dos especies de Anisakis y un híbrido de ambas. La investigación revela que los anisakis son verdaderas "bombas" alergénicas. Los investigadores han buscado homólogos en las secuencias genéticas de las especies de anisakis analizadas en este estudio y han descubierto secuencias de proteínas correspondientes a 121 alérgenos diferentes. Más información en http://cienciaEs.com
Un grupo de investigadores del Instituto de Alimentos, Nutrición y Salud de Zúrich, Suiza, ha sometido a ratones a temperaturas frías o cálidas antes de la concepción. Lo que han encontrado es que los padres, pero no de las madres, sometidos a bajas temperaturas antes de la concepción de sus hijos, generan una descendencia con un metabolismo mucho más resistente al desarrollo de la obesidad en la edad adulta. Los estudios revelan también que estos cambios se deben a modificaciones químicas, es decir, epigenéticas en ciertos grupos de genes, de los que ya era conocido influyen sobre el desarrollo del tejido adiposo marrón. Parece lógico pensar, aunque no está demostrado, que la localización más externa de los testículos, pero no de los ovarios, puede ser un factor que explique la diferencia entre padres y madres. Más información en https://cienciaes.com
From the publisher's feed