Cavallo, Lorenzino, Prat Gay, Dujovne. La mala sangre de los argentinos se mide en frases. Y los maestros del género son los Ministros de Economía. Ellos hablan y dejan un lema. Esa frase marca a fuego a una generación. Esa marca se convierte, con los años, en un clásico del habla. Distintas escuelas, distinta ideología y mismo destino: la desgracia en nuestros bolsillos.