El que pasará a los archivos como el “caso Portillo” es algo más que un indicador del grado de deterioro que afecta a la representación popular. Es una advertencia. Es el efecto creciente que impone la opinión pública que está sobrepasando el estadio del telúrico del rumor gaseoso para entrar definitivamente a la era de las tecnologías de la información y la comunicación en que operan las redes sociales.