"Y si, desde su elevada posición, Vuestra Alteza mira hacia abajo a este lugar humilde donde ahora vivo, verá cuán crueles e inmerecidos han sido mis sufrimientos - impuestos por un destino duro e implacable".
Con estas palabras finalizó NICOLÁS MAQUIAVELO, protagonista de nuestro programa, la carta que dirigió a El Magnífico Lorenzo de Medici, al inicio de su libro "EL PRÍNCIPE", obra que sigue teniendo enorme impacto porque es uno de los textos más polémicos y controvertidos que existen en el terreno político. Hoy, más de 500 años después, este libro sigue siendo un texto vivo, citado, estudiado y debatido en todo el mundo.
Y es que, como muy bien nos apunta SERGIO RODRÍGUEZ LÓPEZ, investigador doctoral de la Universidad de Granada y docente con más de veinte años de experiencia, “Maquiavelo es un autor cuya obra ha suscitado multitud de polémicas e interpretaciones diversas a lo largo del tiempo”.
Sin embargo, nosotros aquí vamos a trabajar también otro de sus más imprescindibles textos: sus “DISCURSOS SOBRE LA PRIMERA DÉCADA DE TITO LIVIO”. Será en la sección “Qué significa esta frase”.
En la primera parte del programa hablaremos exclusivamente de la obra “EL Príncipe”. Creemos que, para entender plenamente el citado texto, es necesario e imprescindible, conocer el turbulento contexto histórico en el que este autor lo escribió, porque, ¿quién fue realmente Nicolás Maquiavelo?
Nacido en Florencia en 1469, en aquella época Italia no era una nación unificada, sino un mosaico fragmentado de ciudades-estado y reinos (Florencia, Milán, Venecia, Nápoles, Los Estados Pontificios…) que luchaban por el poder mientras sufrían presiones constantes de fuerzas externas como Francia, Italia y el Sacro Imperio Germánico.
En 1498, tras la caída del Radicalismo Religioso del predicador Savonarola y la expulsión del gobierno autocrático y de las élites de la Familia de los Medici, Maquiavelo es nombrado Secretario de la Segunda Cancillería de la República de Florencia. Este puesto le dio acceso directo al funcionamiento interno de la diplomacia, los asuntos militares y la negociación internacional. Estudió a figuras ambiciosas como César Borgia, cuya mezcla de crueldad y astucia le fascinaba como modelo de eficacia política.
Estas experiencias le sirvieron para observar el arte del gobierno y la política del poder de primera mano. Su obra “El Príncipe” nació como una respuesta al colapso, una guía para que los gobernantes pudieran navegar por un mundo donde la fortuna era inestable, los enemigos estaban por todas partes, y la supervivencia requería audacia, adaptabilidad , y en ocasiones, crueldad. Maquiavelo no estaba imaginando un Estado perfecto, estaba hablando de uno roto y así, esta obra es una guía en un mundo gobernado no por ideales, sino por la ambición, la oportunidad y la fuerza calculada. Maquiavelo rompió con los ideales clásicos para revelar la mecánica brutal del poder tal como es, no como desearíamos que fuera. De ahí muchos de los fragmentos más controvertidos del texto:
“Un hombre que insiste en ser bueno en toda situación, inevitablemente será destruido por aquellos que no lo son. Por lo tanto, un Príncipe que quiera mantener su poder, debe aprender a no ser bueno y usar ese conocimiento, o abstenerse de usarlo, según lo exija la situación” (Cap XV); “(…)¿es mejor ser amado o ser temido? La respuesta es que un gobernante debería aspirar a ambas cosas pero como es difícil que el amor y el temor coexistan, es mucho más seguro ser temido que amado- si hay que elegir” (Cap XVII); “(…) Un príncipe debe saber actuar tanto como hombre, como, como bestia (…) debe aprender tanto del zorro como del león. El león no puede evitar las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Por tanto, un gobernante debe ser un zorro para reconocer las trampas y un león para espantar a los lobos” (…) “Los gobernantes que mejor han imitado al zorro han sido los más exitosos. Sin embargo, es crucial ocultar bien esta naturaleza y ser un maestro del engaño (…) Un gobernante hábil en el arte del engaño, siempre encontrará personas dispuestas a ser engañadas”; “(…) Un gobernante debe aparentar ser misericordioso, humano, honesto y religioso, pero debe estar preparado para actuar de manera opuesta cuando sea necesario. Un príncipe (…) no puede seguir siempre las reglas convencionales de la moralidad, porque mantener el poder a menudo requiere acciones que van en contra de la honestidad, la bondad, la humanidad y la religión (…) . Idealmente, no debería apartarse de lo que es bueno, pero debe estar listo para hacer el mal si se ve obligado” (Cap XVIII); “ Un príncipe debe delegar las decisiones impopulares a otros, mientras que personalmente se encarga de repartir recompensas y favores (…)”( Cap XIX) etc etc…
En la sección “QUÉ SIGNIFICA ESTA FRASE”, SERGIO RODRÍGUEZ LÓPEZ, el profesor que hoy nos acompaña, basándose no sólo en el estudio de “ El Príncipe”, sino también analizando los “DISCURSOS SOBRE LA PRIMERA DÉCADA DE TITO LIVIO” , defiende que “a lo largo de la obra de MAQUIAVELO, hay una unidad que tiende hacia la interpretación republicana de la misma” ya que “los textos de Maquiavelo transpiran un profundo anhelo por lograr una República sólida, que funcione según leyes civiles estables y que permita al pueblo participar del gobierno. Es este anhelo que arraigó profundamente en el pensamiento y la sensibilidad de Maquiavelo, el que nos marca el rumbo a la hora de aproximarnos a su obra”. Nuestro profesor piensa que “las divergencias entre “El Príncipe” y los “Discursos” son aparentemente indiscutibles, en la primera de ellas Maquiavelo se decanta por el Principado Aristocrático como forma de gobierno más adecuada, y perfila la figura de un Príncipe sin escrúpulos morales; frente a esto, en los Discursos, Maquiavelo toma partido abiertamente por la República como forma de gobierno más acabada y perfecta. Para defender la libertad, dice Maquiavelo, no hay mejor agente que el propio pueblo, y para proteger los intereses del pueblo, no hay mejor sistema de gobierno que el republicano porque (…) la Aristocracia deseará dominar, mientras que el pueblo aspirará sólo a no ser dominado, por esto, afirma Maquiavelo, que se debe poner como guardianes de una cosa, a quien tiene menos deseos de usurparla. Junto a la defensa de la libertad y la soberanía popular aparece en los Discursos claramente delimitada la idea del Bien Común: si no hay un espacio público en el que prospere y se comparta la riqueza del Estado, no tiene posibilidades de crecer Comunidad alguna”. “Encontramos en estos argumentos de Maquiavelo, -continúa nuestro profesor-, algunos de los principios básicos del Estado de Derecho y la Socialdemocracia contemporánea”. Igualmente, “la constitución de una República requiere forzosamente una redistribución de la riqueza y el poder, esta tesis de fondo lleva a Maquiavelo a establecer más nítidamente que en otras ocasiones, las dos categorías antitéticas: un Reino, para constituirse y consolidarse, necesita desigualdad y sometimiento; una República sólo puede erigirse allí donde haya igualdad y libertad civil. Este tipo de cuestiones son las que han provocado que se hable de dos posibles interpretaciones de la obra de Maquiavelo: una Aristocrática o Monárquica y otra Republicana o Democrática, aunque con el paso del tiempo se ha ido imponiendo la idea de que existe una continuidad democrática en la obra de Maquiavelo. Nuestro profesor defiende además, que son muchos los especialistas que han visto en El Príncipe, un intento de Maquiavelo por exponer los vicios y las reprobables acciones de los monarcas (…) de modo que esta obra empezó a ser interpretada como una crítica encubierta a la tiranía (…). Hay autores que afirman incluso que “ la intención de Maquiavelo no era instruir al tirano, sino exponerlo al juicio de los pueblos, haciendo públicas sus acciones secretas”, o que “ bajo la apariencia de aconsejar a los tiranos, Maquiavelo en realidad mostró a los pueblos cómo funcionan los mecanismos del poder, lo que puede servir para defender la libertad”; igualmente hay autores que llegan a decir que El Príncipe es en realidad el libro por excelencia de los Republicanos. De modo que se encuentran referencias que coinciden respecto a la interpretación democrática de Maquiavelo , tanto en la crítica inglesa, como en la francesa y en la italiana, estos últimos además afirman que la tarea patriótica de la unidad italiana, había sido formulada por primera vez en El Príncipe”.
Finalmente, y una vez expuestas las tesis de nuestro profesor colaborador, en el programa se enuncian también más interpretaciones al respecto, como la de Miguel Ángel Granada:
“Si Italia ha de recuperar su libertad, expulsar a los bárbaros, y salir de la crisis, solamente es posible mediante la “virtú” de una poderosa personalidad. Movido por la urgencia de la situación, Maquiavelo abandona el trabajo metódico de sus Discursos (se cree que fue sobre el capítulo XVII o XVIII del primer libro cuando abandona esta obra para pasar a redactar de un solo golpe El Príncipe) y así abordar la presentación de la nueva política en forma de manifiesto mediante El Príncipe (…). Conviene sin embargo no olvidar -continúa Miguel Ángel Granada-, que Maquiavelo se planteó también su obra como un medio para volver al ejercicio activo de la política al servicio de los Medici (recordemos que al caer la República, le habían arrebatado su posición, estatus y trabajo), de ahí que pensara dedicar la obra a Giuliano de Medici, y que a la muerte de éste, la dedicara a su sobrino Lorenzo. No es lícito olvidar este motivo de promoción personal como impulso de la obra, pero todavía es menos lícito, realzarlo para marginar los otros factores (el deseo de la unificación de Italia antes aludido).
Igualmente, en la Introducción de la traducción del texto de Rafael García Pérez, Nathan Cole y Christian E. Detmold, se lee lo siguiente:
“ Tras la caída de la República Florentina y el regreso de los Médici, Maquiavelo fue apartado del poder y se volcó en la escritura. Y así fue durante este periodo de retiro forzado, en la soledad del exilio, cuando nació El Príncipe. Este libro, lejos de ser un ejercicio académico, nació de la frustración, la ambición, y el deseo desesperado de volver a tener relevancia política. Fue dedicado a Lorenzo de Médici, miembro de la misma familia que lo había exiliado, con la esperanza de que sus ideas le valieran un puesto o, al menos, rehabilitaran su reputación. Esto le da al libro una intensidad única, porque es tanto una obra de filosofía política, como la apelación personal de un hombre que lo había perdido todo, excepto su intelecto”.
Finalmente, oídas todas las voces o posibles interpretaciones, quizá la respuesta nos la de el propio Maquiavelo, con las mismas palabras que encabezan este escrito, y que integran el final de su misiva a Lorenzo El Magnífico:
"Y si, desde su elevada posición, Vuestra Alteza mira hacia abajo a este lugar humilde donde ahora vivo, verá cuán crueles e inmerecidos han sido mis sufrimientos - impuestos por un destino duro e implacable".
Una vez expuestas la diversidad de interpretaciones respecto a nuestro autor y en la recta final del programa, en lo relativo a nuestro afán de aunar melodía y filosofía, es imposible olvidarnos de valorar y agradecer el estupendo trabajo que Cristina Gómez Limón Ortíz, profesora de Canto de las Escuelas municipales de música de Daimiel y Bolaños, ha realizado para este programa a través de su excelente adaptación de la canción “ Algo personal” que hace años popularizó Joan Manuel Serrat.