El relato de la Pasión de Jesús que escuchamos y leemos en este Domingo de Ramos es una de las narraciones más importantes de todo el Evangelio.
Jesús encara definitivamente el sentido último de su misión y de su venida a este mundo: entiende que si quiere ser coherente con toda su prédica del Reino, del amor al prójimo, de la vivencia de los valores, del amor a los enemigos, de poner la otra mejilla, de vivir conforme a las Bienaventuranzas y no solo a los mandamientos, tiene que entregar su vida por amor una última vez.
Creo que esto es lo decisivo de toda la lectura de la Pasión de Jesús. Toda su vida, desde el momento mismo de la Encarnación ha sido vivir en permanente actitud de servicio a los demás, privilegiando a los pecadores, los pobres, las prostitutas, los publicanos, los enfermos, los excluidos, los enfermos. Toda la vida de Jesús es una permanente entrega a favor y por amor a los demás. Es lo que llamamos la “proexistencia”: vivir permanentemente a favor de los demás llegando incluso al olvido de uno mismo. Jesús es el colmo de la renuncia del “todo-para-mí” a favor del “todo-para-los-demás”. Así vive Jesús su vida. Así se pasa la vida Jesús: amando a sus hermanos, existiendo a favor de los otros y no buscando el beneficio propio. Jesús es el que logra entender que el sentido de la vida, el sueño de Dios para cada ser humano es justamente no guardarse la vida para uno sino entregarla por amor a los demás.
Por ese motivo va a la Cruz. Por eso va a padecer. Por eso en definitiva va a morir. Va a aprovechar la traición del amigo, el proceso jurídico más injusto de la historia, los golpes, los insultos, la flagelación, la corona de espinas, las burlas, todo el dolor, toda la impotencia, toda la Cruz, para usarlo como elemento de salvación humana. Dios nos salva del Pecado por la muerte injusta de Jesús, -que el Padre rechaza y no quiere-, pero que Jesús elige para que ninguna situación de injusticia, de traición y de muerte quede sin ser asumida por Dios. Dios elige morir para que el hombre no muera y viva.
Por eso me parece importante destacar que lo que mueve a Jesús a realizar la última entrega por amor en este mundo, no es un absurdo, ni es una prueba del Padre, ni es el amor masoquista a la tortura, el castigo y los clavos. Lo que motoriza y motiva a Jesús a entregar en la Cruz su vida es el amor. Y no un amor genérico. Es el amor que siente por vos, por mí, por todos y cada uno de todos los hombres que hemos existido, existimos hoy y vamos a existir. Por los siete mil millones de varones y mujeres que caminamos a diario los caminos de este mundo. Dios elige morir en el escarnio de una Cruz porque yo, para Dios, soy importante. Yo, para Dios, valgo la pena. Mi vida, con todo lo que implica, con sus luces y sombras, con sus alegrías y tristezas, con sus dolores y esperanzas, con sus heridas y liberaciones, para Dios son importantes. ¡Yo a Dios le importo!
Por eso te invito a que en este Semana Santa que estamos empezando a vivir nos dejemos conmover no tanto por el sufrimiento y la sangre de la Cruz de Jesús, esperando que este año sea más, y así golpearnos el pecho y decir “pobre Jesucito”, sino a tomar conciencia del enorme amor que Dios me tiene, que no fue la sangre ni el dolor ni el sufrimiento ni siquiera los clavos los que mantuvieron a Jesús colgado de la Cruz en la entrega máxima que podía hacer de su vida: lo que mantuvo firme a Jesús en la Cruz es el amor que tiene por vos y por mí. Dios elige morir Él, para que nosotros tengamos vida, vida nueva y vida en abundancia.
Frente a este Jesús puedo preguntarme entonces: me voy a seguir guardando la vida celosamente para mí buscando mi propio bienestar y confort, asegurándome la vida, calculando seguridades y guiado por miedo; o me quiero jugar la vida por amor a todos y cada uno de mis hermanos, sabiendo que en el servicio y en una vida de acuerdo con los valores del Evangelio hay más gracia y más libertad que en una vida que se encierra y se enquista para pudrirse en el egoísmo y la autorreferecialidad.
Que Dios te regale una linda Semana Santa, la más linda, santa e importante de todas las semanas.