La historia en la que Pedro le explica al gentil Cornelio "cómo él y todos los de su casa podían ser salvados" nos muestra que el Evangelio de Cristo no es selectivo. Para Pedro no fue un paso sencillo. Dios intervino en forma directa, con visiones y con ángeles. En este primer paso el Espíritu Santo inspiró, guio, y empoderó a la iglesia a compartir el Evangelio de Cristo y a bautizar a gentes de todas las naciones. El Espíritu Santo sigue todavía hoy trayendo a Cristo por medio de nosotros.