Desde que rusos y norteamericanos pudieron apoderarse en 1945 de los restos de la depurada tecnología nazi de cohetes, las dos potencias sabían que tendrían por delante una dura carrera por la supremacía de lanzadores de media y larga distancia.
Desde que rusos y norteamericanos pudieron apoderarse en 1945 de los restos de la depurada tecnología nazi de cohetes, las dos potencias sabían que tendrían por delante una dura carrera por la supremacía de lanzadores de media y larga distancia.