Nuestra esperanza se fundamenta en creer que sus promesas son ciertas y verdaderas para nosotros. Esto nos ayuda a vivir el hoy, con las fuerzas que vienen de mi mañana.
Dios nos da promesas con el propósito de que las mismas nos sirvan como guía en nuestro caminar. Cada promesa de Dios es un vislumbre a nuestro futuro.