Cuando los israelitas regresan a Jerusalem en los tiempos de Esdras, lo primero que hicieron fue restaurar el altar, a pesar de que estaban amedrentados.
Restaurar el altar no es una opción, sino una necesidad en nuestras vidas. Somos llamados a velar por nuestra consagración, oración, adoración y servicio a Dios en una base diaria y continua.