Cada cicatriz que tenemos en nuestras vidas es la evidencia de una herida que ya no existe. Dios nos sana, pero muchas veces deja cicatrices como un testimonio de su obra en nosotros.
Todos nosotros tenemos heridas y grietas en nuestras vidas. Dios no espera hasta que seamos perfectos para usarnos. Todos estaríamos descalificados. Dios nos usa y en el mismo camino nos va sanando, aunque para ello tenga que volver a rompernos.
El propósito de Dios es que tu y yo vivamos en descanso. Pero corremos el peligro de vivir cansados porque no hemos identificado las fuentes de cansancio, y nuestra provisión para el descanso.
El libro de Isaías dice que el Señor vino a vendar a los quebrantados de corazón. Esto significa que El vino a sanar a los corazones dañados o como dice otra versión: a sanar a los corazones heridos.
Todos en algún momento de nuestras vidas vamos a enfrentar el desanimo. El verdadero problema no es que llegue el desanimo, sino que no haya quien anime. Dios nos llama a ser "animadores" de otros.
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Esperamos que estas enseñanzas puedan ser para tu crecimiento espiritual, y acercarte más a ser como Cristo cada día.