Un emperador medieval quiso descubrir cuál era el idioma natural del ser humano. Para hacerlo, tomó una decisión que hoy sería impensable.
El resultado no fue una respuesta. Fue algo mucho peor.
Ese experimento —real— es el punto de partida para una idea incómoda:
Que el lenguaje no es solo algo que usamos para comunicarnos. Es algo sin lo cual no sobrevivimos, y algo que, incluso hoy, sigue operando sin que lo notemos.
En este episodio, el lenguaje deja de ser invisible.