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Al subirnos a este tren descubriremos una historia increíble. Conoceremos cómo nuestra fundación familiar ha logrado mejorar la vida de muuuchaas personas. Nuestros padres, tíos y abuelos ya manejaron este tren, ahora nos toca a nosotros.
La filantropía de alto impacto es un concepto que surge de ese marco, en el que más allá de hacer caridad con los necesitados busca alcanzar un impacto social que genere cambios positivos a largo plazo en la vida de las personas, logrando, a la vez, que los resultados sean sostenibles y replicables.
La filantropía de alto impacto es un concepto que surge de ese marco, en el que más allá de hacer caridad con los necesitados busca alcanzar un impacto social que genere cambios positivos a largo plazo en la vida de las personas, logrando, a la vez, que los resultados sean sostenibles y replicables.
La filantropía de alto impacto es un concepto que surge de ese marco, en el que más allá de hacer caridad con los necesitados busca alcanzar un impacto social que genere cambios positivos a largo plazo en la vida de las personas, logrando, a la vez, que los resultados sean sostenibles y replicables.
La amplia cobertura de las ayudas de la FRMA en el área educativa durante este período también incluyen aportes consistentes a instituciones como el colegio y la Universidad Don Bosco, por medio del fondo de becas para estudiantes de bachillerato y carreras de las especialidades de ingeniería.
El genuino compromiso de cumplir el mandato de su abuelo y el anhelo de multiplicar el legado filantrópico de tío Lito marcaron la hoja de ruta de Nadine Murray de Harth, quien presidió la Fundación de 1999 a 2010.
En el área educativa, ya plenamente integrada en la misión institucional de la Fundación, sobresale la construcción de la biblioteca de la Universidad Don Bosco, realizada durante la presidencia de Enrique Sol Meza, electo para el período 1990 a 1993.
El cumplimiento del mandato del patriarca y del creador de la Fundación, hizo florecer una simbiosis de ideas, voluntades y visiones, que en menos de diez años dio como resultado la creación de uno de los complejos educativos más modernos de Centroamérica, dedicado a formar buenos cristianos y honrados ciudadanos en el carisma del modelo pedagógico salesiano.
Si bien en El Salvador de aquel entonces ya era innovadora la idea de una fundación dedicada a la filantropía, lo admirable de su decisión fue haber donado parte de su patrimonio para asegurar en el largo plazo el cumplimiento del mandato de compartir las bendiciones que recibe la familia.
Todos los miembros de la familia que lo conocieron coinciden en que tío Lito era la imagen viva de su padre por el talento para los negocios, la pasión por la agricultura, el emprendedurismo y la perseverancia, cualidades que lo convirtieron en un industrial prominente y en uno de los agricultores más destacados de su generación.
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