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Hemos llegado al último estudio de esta serie y el objetivo ha sido utilizar la revelación de Jesús para interpretar su mensaje a una de las iglesias del Apocalipsis. En toda esta serie hemos podido ver que es solamente por medio de lo que Jesús dice ser o por medio de su carácter, que podemos desnudar al evangelio de toda vestidura de preconceptos, tabúes, y estereotipos que la religión le ha ido poniendo durante siglos. Ahora, si con sólo aplicar este principio de la revelación de Jesús al mensaje de una pequeña porción de las Escrituras hemos encontrado tantas cosas maravillosas en el evangelio; ¿te imaginas cuántas cosas más
Si alguna vez perteneciste a alguna religión o fuistes acosado con propaganda religiosa, quizás este título te cause urticarias y hasta un inmediato rechazo. Y es que muchas veces, se ha hecho de seguir a Cristo, una especie de radicalismo religioso donde se promueve una actitud extrema e intransigente en las personas para no tolerar o aceptar nada que tenga la apariencia de ser un “término medio”. Ahora, cuando digo no tolerar términos medios, me refiero a esa actitud
La semana pasada estuvimos viendo qué tibieza no es sinónimo de estar más cerca de Dios, sino que más bien es todo lo contrario. Por ejemplo, acá en Estados Unidos, ningún sistema de plomería está diseñado para dar agua tibia. Si tú vas a un baño o a una cocina, en cualquier tipo de edificación ya sea privada o comercial, siempre vas a encontrar dos llaves: Una para agua fría y la otra para agua caliente. Y en el caso de que sea una sola llave, siempre va a ser una llave reguladora que oscila entre dos estados: el frío y el caliente. Por lo tanto, la única manera de obtener agua tibia es abriendo ambas llaves al mismo nivel para generar un flujo de agua fría y caliente que al interactuar entre sí, den como resultado un agua tibia; y es exactamente eso lo que sucede con la tibieza espiritual representada en Laodicea. Por lo tanto, Laodicea presenta un carácter que se llama “dual” o “dividido”, y hoy vamos a profundizar en lo que esto implica.
Quizás esto pueda parecer paradójico, pero el único estado que nos mantiene atrapados en una prisión o en un callejón sin salida es el estado de tibieza. Es obvio que el ser calientes significa experimentar la verdadera libertad que solo se puede tener en Cristo porque como Él mismo dijo: “Así que, si el Hijo los libera, ustedes serán verdaderamente libres” (Juan 8:36). Por lo tanto, los que son calientes viven en total libertad para hacer y llevar a cabo los deseos de su corazón; deseos que al estar en Cristo, siempre serán movidos por el Espíritu de Dios y no por la carne. Por otra parte, aunque lo más lógico debería ser que la frialdad fuera la mayor trampa para el ser humano, en cierto sentido, las personas frías también son totalmente libres de hacer y llevar a cabo los deseos de su corazón, a pesar de que muchos prefieran llamarlo libertinaje debido a que estos deseos son expresados como frutos de la carne. Sin embargo, los tibios viven entre dos aguas, queriendo en su corazón vivir la libertad de los fríos, pero a la vez forzandose a sí mismos a manifestar los frutos que el Espíritu produce naturalmente en los que son calientes; y eso es verdadera esclavitud.
En el estudio anterior estuvimos analizando la única manera en que se puede desvestir al evangelio de todas las capas de preconceptos, tabúes, y estereotipos que el hombre le ha ido poniendo por generaciones, en especial por medio de la religión. Así que hoy vamos a estar introduciendo como es que luce el evangelio una vez que lo hemos desvestido de todas esas capas por medio de la revelación o el testimonio de Jesús, y en forma especial, en la revelación de Jesús por medio del mensaje a la iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3.
Por lo general, el ser humano tiene la tendencia de cubrir o de vestir las buenas noticias del evangelio con diferentes capas. Ahora, es necesario aclarar que no pienso que sea algo que hacemos premeditadamente o con alguna mala intención, sino que simplemente todos nosotros venimos al mundo dentro de determinada cosmovisión y es esa cosmovisión heredada la que nos enseña a determinar que es bueno y que es malo, o quienes son buenos y quienes son malos. Así que de cierta manera, la cosmovisión que heredamos de nuestro lugar de origen, de nuestros padres y familiares cercanos, de la religión a la que fuimos expuestos, de la cultura, del sistema de gobierno en donde crecimos, etc… van llenándonos de preconceptos, tabúes, y estereotipos que al final llegan a convertirse en esas capas con las que vestimos o cubrimos el evangelio o las buenas noticias de salvación. Por lo tanto, hoy vamos a tratar de desnudar al evangelio, o al menos, a comenzar a quitarle ciertas capas de preconceptos, tabúes, y estereotipos que se le han ido poniendo por generaciones y que al final, terminan haciendo de las buenas noticias de salvación algo que para algunos se siente insípido, para otros bien amargo, o tal vez bastante ácido, pero que definitivamente no nos deja en la boca ese sabor a algo que es bueno en gran manera.
Aunque el libro de Hebreos no fue escrito primordialmente para nosotros, sigue cumpliendo su propósito debido a los principios que expone y a que nos da testimonio de Jesús.
En este tema veremos cómo se revela el pacto de Dios en Deuteronomio. ¿Qué es el pacto eterno? ¿Cómo se manifiesta? ¿Qué implica?
¿Son nuestras obras de conducta y obediencia las que determinan si Dios nos bendice o maldice, favorece o castiga? ¿Por qué esto contrasta tanto con lo dicho por Jesús de que su Padre hace salir el sol sobre malos y buenos, y bendice a justos e injustos por igual? Abordaremos esto y mucho más en el estudio de hoy…
Como el título lo dice, estaremos sumergidos en el estudio de Deuteronomio. Un libro cuyo verdadero nombre en Hebreo es “Devarim”, que significa “palabras”, pero que tanto en griego como en latín significa “segunda ley”, dando la idea de una repetición o copia de la ley… Comencemos.
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