La ilusión de condenación se puede trascender al igual que la de juicio. Condenar a otro es encadenarse a un juicio, es limitarse a una idea inamovible que como una venda en los ojos, nos impediré ver la belleza que se esconde en el otro ser, que soy yo mismo. Abrirse a la posibilidad de redención, al perdón, a la bendición nos ayudará a crear una mente ecuánime y feliz. Si a algo estamos condenados, es a SALVARNOS a través del recuerdo de nuestra verdadera Identidad compartida.