Tras la ilusión del juicio y la condenación, aparece la ilusión de la condicionalidad. Esta ilusión nos hace creer que no somos libres, que dependemos de lo que hagan los demás, que según sus actos, reaccionaremos de una forma u otra, completamente condicionados, ya no actuamos sólo reaccionamos. Vivimos en un mundo sostenido por condicionantes, una ilusión que nos servirá para entender que nuestro verdadero Ser es la incondicionalidad, es el Amor.