Frente al miedo, la incertidumbre y la ansiedad del final, de los signos que muestran el apocalipsis, el señor nos invita a enderezarnos en nuestra vida y a mirar con la cabeza alta al cielo, confiados en aquel que lo puede todo y que nos libera del mal. Esta es una invitación a confiar en el Señor y en su poder para librarnos, no solo en el futuro, sino en el ahora.