Tras el reciente fenómeno mediático relacionado con el Dalai Lama, se nos recuerda una vez más que nadie es perfecto. Mientras permanezcamos en este mundo, somos seres humanos, no deidades ni poseedores de todo conocimiento.
Tras examinar diversas fuentes, como noticias, memes, influencers y personas comunes, no pude evitar reflexionar sobre cómo nosotros mismos hemos contribuido a este tipo de situaciones. Somos responsables de la elevada posición que algunos individuos, como el Dalai Lama, el Pastor Panchito, Naason Joaquin, entre otros, ocupan en nuestras percepciones. Los hemos convertido en figuras intocables, reyes y casi divinidades.